El complejo de Labrador es una patología psicológica que afecta a muchos surfistas
Las formas leves de la enfermedad no tienen consecuencias. Sin embargo, en los individuos gravemente afectados, los síntomas desencadenados pueden ser extremadamente peligrosos, tanto para los enfermos como para los surfistas sanos que se encuentren en las proximidades.
Esta afección se conoce como complejo del Labrador, porque se manifiesta en un comportamiento de “perro rabioso”. Como todos sabemos, a los labradores les encanta el agua, de ahí la analogía con los surfistas. Descifremos las manifestaciones conductuales de esta enfermedad, difícil de tratar si no se detecta a tiempo:
1. El surfista está corriendo por la duna, su lenguaje corporal no presagia nada bueno para los surfistas que ya están en posición en la línea de salida.
2. El surfista está en el punto A, en la playa, y las olas están en el punto B, mar adentro. En cuanto ha alcanzado visualmente su objetivo, el surfista olvida todo lo que existe entre el punto A y el punto B.
El sentido común dictaría que debería analizar la posición del banco de arena y la bahía, la corriente, los surfistas y la línea de rompiente, pero cortará lo más corto posible, en lugar de rodear las olas, cortando recto. Si las olas son un poco fuertes, le costará salir al mar, porque se enfrenta a las olas en vez de rodearlas. También existe el riesgo de que se interponga en el camino de los surfistas en la cresta, porque al acercarse a la zona de surf, se está poniendo en el camino de los surfistas que cabalgan las olas. Se adelanta a la línea de surf, lo que es peligroso.
3. Estás solo en el agua, no hay un pico definido, las olas rompen en cualquier parte, frente a una de esas playas de las Landas que se extienden hasta donde alcanza la vista. El labrador ha alcanzado su objetivo, remando directamente hacia ti, casi sentado en tu regazo, luchando contigo por la prioridad, gravándote en el peor de los casos.
Para deshacerte de este amigo invasor, tendrás que ser firme pero no mezquino. No sabe lo que hace, e incluso puede estar convencido de que eres un delfín.
4. El surfista afectado mostrará un comportamiento de “búsqueda de la bola”. En cuanto se acerca una onda, se precipita hacia ella, agitado por los espasmos; como su alter-ego canino, corre a derecha e izquierda, hasta perder el aliento, como desorientado. Los demás surfistas, sentados tranquilamente, suelen quedarse atónitos ante tal frenesí.
Dependiendo del nivel del surfista enfermo, las consecuencias no serán las mismas: los surfistas de nivel bajo no podrán arrancar en la mayoría de las olas porque la excitación afecta a su sentido de la observación. Los surfistas avanzados querrán coger el mayor número posible de bolas, con lo que obviamente me refiero a las olas, y por tanto olvidarán el sentido elemental de compartir hasta el punto de molestar gravemente a los surfistas sanos.
5. En ausencia de detección, los surfistas pueden vivir con esta afección hasta bien entrada la vejez. Y aunque su comportamiento puede ser una molestia para quienes les rodean, el complejo del Labrador rara vez desemboca en un comportamiento agresivo. Sin embargo, hay casos: los surfistas gravemente afectados orinan en la playa para marcar su territorio, quieren defender su spot, olfatean a los recién llegados, gruñen y a veces intentan ahuyentarlos del spot. También pueden morder a otros surfistas de la zona porque la enfermedad merma su juicio, como un perro viejo con cataratas.
Si crees que padeces esta enfermedad, habla con tu médico. Existen algunos tratamientos a base de plantas muy buenos. Rara vez se consigue la curación, pero al menos es posible limitar la gravedad de los síntomas.


